Todos conocemos el procedimiento: metes una de esas cápsulas para lavavajillas, cierras la puerta, le das a "start" y ¡voilá!: platos impecables y vasos relucientes. ¿Pero sabes qué? Esas humildes cápsulas pueden hacer mucho más que simplemente cuidar tu vajilla.
Si eres como la mayoría, probablemente tengas una caja de estas cápsulas debajo del fregadero ahora mismo. ¿Pero qué tal si te dijera que son, en secreto, la navaja suiza de la limpieza del hogar? Quédate, porque vamos a desviarnos de los caminos trillados del lavavajillas y encontrar seis maneras ingeniosas de aprovechar al máximo estas cápsulas en tu casa.
1) Dale a tu lavadora un día de spa
La cuestión es que tu lavadora trabaja mucho. ¿Todos esos residuos de jabón, suciedad y suavizante? No desaparecen así como así. Con el tiempo, se quedan pegados al tambor, haciendo que tu ropa recién lavada huela… menos fresca.
Así que, de vez en cuando, consiéntase con una limpieza profunda de su lavadora. Simplemente introduzca una cápsula de lavavajillas en el tambor (omita el cajón del detergente) y active el ciclo más caliente y largo que tenga. El poder desengrasante de la cápsula disuelve la suciedad, elimina los olores ocultos y deja su lavadora lista para otro centrifugado.
2) Adiós a los desagües obstruidos
Un fregadero que drena lentamente puede poner a prueba la paciencia de cualquiera. ¿Y llamar a un fontanero cada vez? No es precisamente económico.
La próxima vez que el desagüe de la cocina gorgotee, prueba esto: echa una cápsula de lavavajillas directamente en el desagüe. Después, vierte agua hirviendo en una tetera. Deja que el líquido actúe durante unos 10 minutos y luego enjuaga con más agua caliente. Los agentes antigrasa de la cápsula actúan para aflojar la suciedad; no es un milagro, pero es un truco sorprendentemente práctico para atascos leves.
3) Rescata ollas y sartenes grasientas
Algunas comidas merecen la pena, pero ¿fregar grasa pegada durante media hora? ¡Ni hablar!
En lugar de eso, llena esa olla sucia con agua hirviendo y pon una cápsula de lavavajillas. Déjala en remojo durante 30 minutos (o más, si la dejaste toda la noche; oye, no te juzgo). Cuando vuelvas, verás que la grasa se desprende mucho más fácilmente. Un restregado rápido y listo.
4) ¿Un bote de basura raro? ¡Ya no!
Seamos sinceros: ninguna vela ni ambientador disimula el mal olor de un cubo de basura. Con el tiempo, los derrames y las fugas convierten tu cubo en una pesadilla pestilente.
Aquí tienes una solución fácil: llena tu bote de basura hasta la mitad con agua tibia y echa un recipiente. Déjalo reposar una hora mientras te ocupas de algo más divertido, como cualquier otra cosa, luego frótalo bien y enjuágalo. Tu nariz te lo agradecerá.
5) Aborda la suciedad de la lechada del baño
A nadie le gusta fregar azulejos y juntas. Es tedioso, incómodo y, por alguna razón, siempre se te olvida alguna zona.
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