EL MECÁNICO ayuda a El Chapo en la carretera sin saber quién es… Lo que recibe cambia TODO para…

Es el número personal, el número que solo ha visto dos veces en 5 años, el número de El Chapo. Ramón, necesito verte. Hoy a las 8 de la noche te mandaré la dirección. Ven solo. La llamada termina. Ramón mira el teléfono con manos temblorosas. una reunión personal con el Chapo. Eso solo significa dos cosas, o algo muy bueno o algo muy malo.

A las 7:30 Ramón se ducha, se pone su mejor ropa, se despide de Lucía con un beso largo. ¿A dónde vas?, pregunta ella. Una reunión importante. Volveré tarde. ¿Estás en problemas? No lo sé, pero si no vuelvo para mañana al mediodía, toma a los niños y vete a la casa de tu hermana en Monterrey. Toma el dinero de la caja fuerte, vete y no mires atrás.

Lucía lo mira con ojos llenos de lágrimas. Vuelve a casa, Ramón. Por favor, vuelve a casa. Voy a intentarlo. Promete. Sale hacia la noche de Culiacán sin saber si volverá a ver a su familia. ¿Conoces casos similares? Cuéntanos en los comentarios. Ramón conduce durante 40 minutos siguiendo las indicaciones del GPS. Venta de Culiacán hacia la sierra.

La carretera se vuelve estrecha, sin iluminación, rodeada de árboles oscuros que parecen gigantes vigilantes. Pasa tres retenes en cada uno. Hombres armados con cuernos de chivo revisan su identificación. Hacen llamadas, lo dejan pasar. Finalmente llega a una propiedad enorme escondida entre las montañas.

Hay una casa estilo rancho con luces cálidas en las ventanas. Alrededor, al menos 20 hombres armados patrullan con perros. Damián lo espera en la entrada. Deja las llaves, deja el teléfono, sígueme. Caminan por un jardín perfectamente cuidado hasta una terraza amplia con vista a las montañas. Ahí, sentado en una silla de madera bebiendo whisky, está Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, el hombre más buscado del mundo, el hombre que Ramón ayudó a aquella madrugada hace 5 años. El Chapo se ve diferente a como Ramón lo recuerda.

más viejo, con más cañas en el bigote, pero los ojos siguen siendo los mismos. Oscuros, penetrantes, inteligentes. Ramón Castillo, el mecánico que trabaja a las 3 de la madrugada. Siéntate. Su voz es tranquila, casi amable. Ramón se sienta en la silla frente a él, sus piernas tiemblan.

El Chapo sirve dos vasos de whisky, le pasa uno a Ramón. Bebe, estás nervioso. No hay razón para estarlo. Ramón bebe. El whisky quema su garganta, pero ayuda a calmar los nervios. El Chapo lo observa en silencio durante un largo momento. ¿Sabes por qué te mandé llamar? pregunta final: “No, señor.

"El Chapo sonríe levemente porque han pasado 5co años desde aquella noche en tu taller. 5 años desde que me ayudaste sin saber quién era. 5 años desde que demostraste lealtad sin esperar nada a cambio. En este negocio, la lealtad es más valiosa que el oro, más valiosa que la cocaína, más valiosa que cualquier cosa.

El Chapo se inclina hacia delante. Tú has trabajado para mí durante 2 años. Ha modificado más de 50 vehículos. Tiene secretos guardados. Ha sido discreto. Ha sido profesional. Damián me dice que eres el mejor mecánico que hemos tenido. Don Ismael dice que eres un artista. Yo digo que eres un hombre de honor. Hace una pausa. Y los hombres de honor son raros.

muy raros. Ramón no sabe qué decir. Solo asiático. El Chapo continúa, pero también sé que tienes miedo. Sé que no duermes bien. Sé que tu esposa está preocupada. Sé que te preguntas si hiciste lo correcto al aceptar trabajar para mí. Ramón se sorprende.

¿Cómo sabe todo eso? El Chapo sonríe como si leyera sus pensamientos. Sé todo sobre las personas que trabajan para mí. Es mi responsabilidad, es mi deber. Así que te voy a dar una opción, una opción que muy pocas personas reciben. El Chapo se recarga en su silla. Puedes seguir trabajando para mí. Te pagaré el doble de lo que ganas ahora.

 

 

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