EL MECÁNICO ayuda a El Chapo en la carretera sin saber quién es… Lo que recibe cambia TODO para…
Se levanta en calzoncillos y camiseta, descalzo sobre el piso de cemento frío. Lucía se despierta asustada, pero él le hace una señal de que se queda con los niños. Ramón camina hacia la puerta metálica del taller, sintiendo como su corazón tarde más rápido de lo normal. Afuera escucha el motor de una camioneta encendida, voces masculinas hablando rápido en voz baja.
Algo en su instinto le dice que esta noche es diferente. Algo le dice que abrir esa puerta cambiará todo. Abre. Tres hombres lo miran con ojos de depredadores evaluando una presa. El del centro es bajo, de tez robusta, con bigote espeso y una camisa blanca manchada de sangre en el hombro izquierdo.
Sus ojos son oscuros, penetrantes, del tipo que han visto demasiado. Los otros dos son más jóvenes, corpulentos, con chalecos antibalas visibles bajo chamarra abierta y manos que descansan cerca de las pistolas en sus cinturas. La camioneta detrás de ellos es una suburba negra con vidrios polarizados y placas de Sinaloa. El motor hace un ruido irregular, como si tuviera problemas en la transmisión.
El hombre del centro habla con voz tranquila pero firme. Necesito que arregles esa camioneta ahora. Tengo problemas con la transmisión y no puedo quedarme varado aquí. Ramón mira la sangre en la camisa del hombre. Mira las armas. Mira los ojos fríos de los guardaespaldas. En Sinaloa del 2006, hacer preguntas es peligroso. Ver demasiado es mortal. Ramón asiente sin decir palabra y señala hacia el taller.
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