Valeria mantuvo su expresión neutral, aunque su corazón latía dolorosamente. No sé de qué habla. Por favor, no me insultes con mentiras. Patricia se inclinó hacia delante. Lo he visto mirarte como si fueras aire y él se estuviera ahogando. Ha cancelado viajes internacionales. Está jugando fútbol en el jardín y tú lo miras de la misma manera cuando crees que nadie te ve. Valeria no podía negar lo obvio. Lo que yo sienta, no importa. Soy su empleada. Exacto. Eres su empleada.
Y ahí está el problema. Patricia suspiró. Valeria, pareces una buena muchacha, vienes de buena familia, tienes valores, amas a esos niños genuinamente. No creo que seas una buscafortunas. No lo soy. Lo sé. Por eso vine a hablar contigo como mujer a mujer, no como empleadora a empleada. El mesero trajo el salmón. Ninguna de las dos lo tocó. Mi hijo está confundiendo gratitud con amor, continuó Patricia. Tú le devolviste a sus hijos, lo hiciste sentir como padre otra vez.
Es natural que sienta algo intenso, pero esos sentimientos no duran. Yo nunca le pedí nada. Lo sé. Por eso confío en que entenderás lo que voy a decir. Patricia sacó un sobre del bolso, lo deslizó sobre la mesa. 2 millones de pesos. Valeria sintió que todo el aire salía de sus pulmones. 2 millones de pesos. Más de lo que ganaría en 10 años como maestra. suficiente para el tratamiento completo de su madre, suficiente para cambiar su vida.
¿Por qué? Para que renuncies y regreses a Puebla sin escándalos, sin dramas. Simplemente desaparezcas antes de que esto se vuelva más complicado. Y los niños, los niños son resistentes. Ya han sobrevivido a una madre que los abandonó. sobrevivirán a una niñera que se fue. Pero si te quedas, si Sebastián hace una locura como intentar formalizar algo contigo, el daño será permanente. ¿Qué daño? Patricia la miró con algo que casi parecía compasión. Piénsalo. Serás el chisme de cada evento social.
La mujer que atrapó al millonario. Sus socios perderán respeto por él. Sus negocios sufrirán. Y cuando el enamoramiento se acabe, porque siempre se acaba, ¿dónde quedarás tú? Humillada públicamente, sin trabajo, sin referencias, destruida. Valeria sintió cada palabra como un golpe físico, porque sabía que Patricia tenía razón. Esa era la realidad del mundo en que vivían. Yo no quiero su dinero. Entonces, hazlo por él. Si realmente lo amas, protégelo de sí mismo. Protégelo del escándalo. Protégelo de arruinar todo lo que construyó por una fantasía que no puede durar.
Valeria cerró los ojos. Los niños encontraremos otra niñera, una buena, te lo prometo. Alguien que cuide de ellos sin complicaciones. Ellos me necesitan, te necesitan ahora, pero con el tiempo te olvidarán. Así funcionan los niños. Valeria abrió los ojos. Había lágrimas amenazando con caer, pero se negó a llorarles frente a esta mujer. No voy a aceptar su dinero, señora Montalvo. Entonces, pero tiene razón en algo. Esto no puede continuar. Valeria se puso de pie. Renunciaré, pero no por su dinero, por mi dignidad.
salió del restaurante sin mirar atrás, dejando el sobre sin tocar sobre la mesa. Esa tarde, después de recoger a los niños del colegio, Valeria los llevó al jardín secreto. Los tres notaron inmediatamente que algo estaba mal. “¿Por qué estás triste?”, preguntó Santiago tocando su mano. Valeria se arrodilló frente a ellos. “Necesito decirles algo importante.” “No”, dijo Diego inmediatamente. “No, no, escúchenme, nos vas a dejar. Mateo tenía los puños cerrados. Todas se van. Mi mamá está muy enferma, explicó Valeria con voz temblorosa.
Necesito regresar a Puebla para cuidarla. Mentira, gritó Diego. Es mentira como las otras. No es mentira, mi amor. Dijiste que no te ibas a ir. Lo prometiste. Santiago empezó a llorar en silencio, las lágrimas corriendo por sus mejillas. Yo lo siento mucho. Valeria los abrazó a los tres mientras lloraban. Los amo tanto, pero a veces amar significa dejar ir. No te vayas, soyó Mateo. Por favor, por favor, no te vayas. Valeria lloró con ellos, sus corazones rompiéndose juntos en el invernadero que habían construido con esperanza.
Esperó hasta que los niños estuvieran dormidos para hacer su maleta. Cada prenda que doblaba le dolía. Cada objeto que guardaba era un recuerdo de momentos que nunca volvería a vivir. El uniforme que usaba el día que los conoció, la foto que Diego le había dibujado, la pulsera que Santiago le hizo con cuentas, el balón de fútbol que Mateo le había pedido autografiar como si fueras famosa, Valeria. Eran las 10 de la noche cuando escuchó la puerta principal abrirse.
Sebastián había tenido una cena de negocios. Llegaba tarde como siempre. Excepto que ya no era como siempre. Las últimas semanas había estado en casa. Valeria cerró su maleta rápidamente, pero no lo suficiente. La puerta de su habitación se abrió. Sebastián se quedó congelado en el umbral viendo las maletas. La habitación medio vacía, su expresión devastada. ¿Qué estás haciendo? Me voy. ¿Por qué? Ya lo sabe. Sebastián entró y cerró la puerta detrás de él. Mi madre te ofreció dinero.
¿Cómo? La conozco. Es su estilo. Sus manos temblaban. ¿Cuánto? No importa. No lo acepté. Entonces, ¿por qué te vas? Valeria lo miró dejando que él viera todo el dolor en sus ojos. Porque tiene razón. Esto no puede seguir. ¿Qué no puede seguir esto? Gritó ella, sorprendiéndolos a ambos. Usted mirándome como si fuera algo más que su empleada. Yo mintiendo que no siento nada. Los niños atrapados en medio cuando todo explote. No tiene que explotar. Siempre explota. Valeria se limpió las lágrimas con rabia.
Usted es Sebastián Montalvo, multimillonario, dueño de Medio México y yo soy Valeria Reyes de Puebla. La niñera, la que no terminó universidad prestigiosa, la que viene de familia pobre, ¿de verdad cree que su mundo nos va a aceptar? No me importa mi mundo, a mí sí. Su voz se quebró. Porque yo soy la que terminará destruida cuando usted se canse de pelear, cuando el escándalo sea demasiado, cuando sus socios le presionen, cuando se dé cuenta de que soy un error que arruinó su reputación.
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