- Algunas noches, solo quieres una comida que te haga sentir como un abrazo cálido, sin complicaciones ni artilugios sofisticados, solo buenos ingredientes uniéndose en la sartén. Imagina tiernos trozos de pollo chisporroteando en aceite de oliva, con el aroma del ajo en polvo mezclándose con el de la cebolla en polvo mientras remueves la sartén.
- Hay algo casi mágico en los fideos de huevo escurridizos cubiertos de mantequilla derretida y un baño de parmesano recién rallado. Añádele una pizca de perejil y un chorrito de limón, y tendrás un plato que evoca recuerdos de cenas familiares o de compañeros de piso de la universidad improvisando con lo que hubiera en la nevera. Es rápido, indulgente y, para ser sinceros, es difícil no repetir.

Puedes añadir espinacas o tomates cherry partidos por la mitad para darle un toque de color. Cambia el pollo por camarones si tienes antojo de mariscos, o prueba la kielbasa cuando andes corto de provisiones. De verdad, este plato podría convertirse en tu plato estrella, acudiendo al rescate cuando te quedes con la mirada perdida en el refrigerador.
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