Niña Obesa Abandonada en el Bosque como Sacrificio — El 'Asesino' Hombre de la Montaña se Convirtió

 

Ella estudió su perfil, la barba beta de plata. La cicatriz que trazaba desde la sien hasta la mandíbula, los ojos que parecían mirarla a ella ya a través de ella.

“¿Es cierto?”, preguntó suavemente. “Lo que dicen, que mataste a tu esposa”.

El fuego chasqueó. Por mucho tiempo no dijo nada. Luego, con el peso de alguien abriendo una vieja herida, respondió: "Intenté salvarla. Lo llamaron asesinato porque era más fácil que admitir que la dejaron morir".

El silencio se espesó entre ellos. No temeroso, sino reverente. El tipo de silencio que vive entre dos almas que han sido rotas por la misma crueldad.

Cuando Eva habló de nuevo, su voz tembló. “Nunca dejarán de llamarte con nombres”.

Matías finalmente se volvió, su mirada firme en la de ella. "Pueden llamarme como quieran, Eva. Lo único que importa es lo que tú crees".

Ella miró esos ojos cansados, verdes, ojos que habían visto muerte, exilio, y aún elegante salvarían a una extraña. Y en ese momento ella creyó, no en espíritus, no en la maldición del bosque, sino en él.

Afuera el amanecer estaba llegando gris, frío y limpio. La primera luz se arrastró por la ventana, cayendo sobre su rostro como si el bosque mismo lo aprobara. Por primera vez desde que las cuerdas fueron atadas, ella exhaló. Y por primera vez en diecinueve años, Matías Blackthorn rezó no a los dioses que lo habían traicionado, sino a la frágil esperanza latiente de que quizás, solo quizás, había salvado más que una vida esa noche. Había salvado su propia alma.

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